Cuando hablamos de “persona" dentro de nuestro enfoque nos referimos tanto a la persona del consultante como a la del counselor. El enfoque considera a la persona como autónoma y relacional al mismo tiempo, y es esperable por esta razón que la terapia se comprometa con ambos aspectos a la vez, y que la autonomía del consultante sea respetada al no tomar poder sobre su persona y también al ofrecerle una relación potente.
En consecuencia, en una relación de encuentro, la otra persona es vista verdaderamente como un otro y no un "alter ego". Esto significa que “yo” no puedo inferir por mí y mi experiencia al ser y a la experiencia de la persona de mi consultante. Aquí se trata entonces de una particular forma de escucha, oyendo no sólo las palabras, sino a la persona, captando su propio significado privado.
Existe una máxima que dice más que mil palabras al hablar del ECP, "es la relación lo que sana". La meta de esta particular relación de ayuda no es imponer un cambio en el mundo del consultante, sino crear las condiciones necesarias que permitan que se produzca un cambio en éste. En otras palabras este peculiar tipo de relación permite a los counselors funcionar como verdaderos instrumentos del cambio y/o transformación.
Estar centrado en la persona no sólo es una forma de situarse ante nuestros consultantes sino también una modalidad relacional, una forma de estar en el mundo.
Si como mencionamos más arriba, el vínculo es lo que sana, la creación del "nosotros" es posible desde ese acercamiento cálido, afectuoso, comprometido emocionalmente, sentido, de escucha atenta y libre de juicios, no directivo, desde la persona que es a la que pueda llegar a ser, ofreciendo recursos y especialmente una actitud de servicio.
“Yo estoy solamente interesado en proporcionar aquellas condiciones experienciales que ayuden al consultante a cambiar y a evolucionar de una manera propia. Yo estoy interesado en ayudar a la gente a conseguir lo que desea". CARL ROGERS (1976)
La hipótesis fundante del ENFOQUE CENTRADO EN LA PERSONA (ECP), como practica terapéutica, es la no-directividad, la no-dirección desde fuera del proceso del otro, el acompañamiento empático e incondicional sumergido en la experiencia del consultante y facilitando su conexión con propio su deseo y su propia dirección.
Carl Rogers fue el fundador y promotor en el mundo occidental de la mirada empática en la práctica terapéutica, actitud que implica para el consultor correrse del lugar del saber y del poder dándole al consultante de esta forma la posibilidad de descubrir los propios. Es desde este lugar donde surge el concepto de Tendencia hacia la Actualización* de los potenciales. Leer más acerca de Carl Rogers.
Tendencia Actualizante: "la capacidad que posee el ser humano, latente o manifiesta, de comprenderse a sí mismo y de resolver sus problemas de modo suficiente para lograr la satisfacción y la eficacia necesarias para un funcionamiento adecuado".
Esta hipótesis es reforzada tiempo después por descubrimientos provenientes de la física, la biología y la antropología, donde se habla de una tendencia formativa cósmica (sintropía) como tendencia a un orden creciente desde el caos inicial. Se trata de un orden de evolución hacia un mayor orden u organización y complejidad, y una mayor capacidad de interrelación.
Trasladado al campo humano, esto implica comprender no sólo la tendencia al mantenimiento del organismo sino también al crecimiento, desarrollo y despliegue. El hecho de considerar esta noción clave en el ECP hace que el trabajo del counselor no sea azaroso, sino que tenga un objetivo bien definido: facilitar que la tendencia actualizante fluya en su corriente creativa.
Básicamente, se trata de ayudar a un otro a encontrarse a sí mismo. Pero existe algo más: el counselor del ECP debe crear las condiciones para la creación de un “espacio para la desobediencia", según palabras del Lic. Andrés Sánchez Bodas, fundador de la carrera de Counseling en Argentina.
¿Qué significa ésto? La persona que nos consulta es en general producto de condicionantes internalizados que la han rigidizado (reglas formales e informales del entorno en el cual vive) y le han hecho simbolizar en forma distorsionada, generando así malestar y síntomas negativos. La persona que está frente a nosotros debe poder replantearse, repensar estos mandatos y poder así poner nuevamente en funcionamiento su tendencia actualizante en forma óptima.
Salud, entonces, según esta mirada, no es sinónimo de ausencia de enfermedad.
Salud, es bienestar y éste se manifiesta:
1. En un proyecto de vida personal.
2. En la posibilidad de expresarse en reflexión y el diálogo.
3. En la posibilidad de ser el autor de la historia vital.
4. En la posibilidad de amar y ser amado, desde el encuentro con un otro.
5. En la posibilidad de transformar y transformarse.
Las actitudes del counseling ubica a los counselors en un lugar privilegiado, con una mirada diferente de todas las demás profesiones psicológicas, con un rol más aceptante, desprejuiciado, menos valorativo y que permite que el consultante pueda comenzar a darse permisos, y hacer un camino "regresivo" al servicio de su yo, que pueda "desaprender" para volver a aprender, que pueda "deconstruir" para volver a construir.







